Guia oficial de Valparaíso

Felipe Ossandon

10 agosto 2018

Cerro Bellavista

Mural de Cerro Bellavista/ Foto:Felix Barroeta / VLPO

Lento pero seguro parece ser el lema de este cerro, que ha tenido un crecimiento importante en cuanto a emprendimientos, pero sin perder de vista uno de sus principales activos: sus vecinos.

El Cerro Bellavista parece tener su propio sistema de defensa. Acceder a él caminando desde el plan, por sus diversas escaleras, le exige al visitante un importante esfuerzo físico. En auto, hasta el conductor más experto se siente intimidado antes de enfrentar la calle Ferrari, empinada, angosta, de doble vía y llena de curvas que forman puntos ciegos en los que se debe tocar la bocina para avisar al auto que viene en sentido contrario. Por arriba, el inicio de Bellavista se hace impreciso y se confunde en sus límites con el Cerro Florida

Cerro Bellavista – Felix Barroeta / VLPO

Puede que este particular sistema de defensa, sea el responsable del encanto que tiene el Cerro Bellavista. “Sigue siendo un cerro donde persiste la comunidad. Todavía nos saludamos, nos paramos en la esquina a conversar amigas de toda la vida” dice Ruth Aguirre, Presidenta de la Unidad Vecinal. Ruth es nacida y criada en el cerro. Lo conoce hace 51 años, por eso puede dar su opinión con total autoridad. “Como el barrio es tranquilo eso hace que la gente apueste por poner locales. Hay restaurantes, hay cafés, hay pastelerías, y eso también le ha dado una connotación distinta, porque a pesar de eso, sigue siendo un sector residencial”.

Bellavista es también un cerro ligado al arte. Aquí vivió Pablo Neruda y Camilo Mori, y eso le agrega otro ingrediente a su particular encanto. De ese aspecto se ha preocupado también la unidad vecinal: “En enero de este año hicimos una minga con gente de la comunidad y algunos muralistas. Entre todos nos unimos y plasmamos el arte en los muros con autorización de los vecinos. Hicimos 19 murales. Hasta el día de hoy no hay ninguno borrado, ni rayado encima, hay un respeto único”, dice Ruth para recalcar el trabajo comunitario que se desarrolla en el sector.

Artista pintando un mural en Cerro Bellavista – Felix Barroeta / VLPO

Una mirada similar en cuanto a la cordialidad y el buen ambiente del cerro es la que tiene Johanes Finck, un alemán que vive hace cuatro años en el Cerro Bellavista y que es dueño de la cervecería Hotzenplotz, en calle Héctor Calvo: “La magia de este cerro es que es un barrio pequeño, como un pueblito residencial. En la gran mayoría de las casas vive gente hace mucho tiempo. Eso debemos cuidarlo. Con la buena onda que hay que en el cerro podemos mantener esa magia. Esa es una tarea en general para Valparaíso, que no se pierda la magia. No es fácil”.

El Hotzenplotz (Héctor Calvo 331) es un ejemplo de cómo salir adelante en una zona donde el turismo, si bien ha ido en alza, aún no es tan fuerte como en otros sectores o cerros de Valparaíso: “Intentamos crear un producto de gran calidad, para poder funcionar independiente del turismo. Eso hace más sano el negocio y es más divertido para nosotros, porque nos permite conocer y conversar con los vecinos. Eso es necesario porque en invierno no pasan los gringos por aquí”. Johanes aprovecha para seguir expandiendo esa cordialidad a sus colegas del cerro: “En mi opinión todos los locales que hay aquí son muy buenos. Esta es una buena escena y hay mucha solidaridad y buena onda entre los otros locales. Pensamos que cada negocio nuevo que nace aquí, si son buenos, son buenos para todos”.

Otro emprendimiento que ha llamado la atención a los residentes y visitantes al cerro, es “Le Septieme” una pequeña cafetería y pastelería ubicada en calle Héctor Calvo 717. Uno de sus dueños es el ciudadano francés Thomas Hengen, quien después de haber vivido en distintos cerros de Valparaíso, se vino a instalar al Bellavista.

En un principio, durante dos años, la pastelería funcionó sólo como fábrica. Hace seis meses abrió al público como cafetería: “Aprovechando el flujo de gente que ha aumentado por los nuevos hostales y restaurantes pensamos, bueno, aquí hay gente, entonces nos animamos a abrir”. En los dos años que ha estado aquí, Thomas ha notado que efectivamente el flujo de gente en el cerro ha aumentado: “Turistas de todos lados, los santiaguinos de fin de semana, y turistas europeos, brasileños y gringos”. Tiene también una opinión similar sobre las particularidades del barrio: “Valparaíso es conocido por el Cerro Alegre pero rápidamente la gente se da cuenta de que es mucho más que eso, que es una ciudad agradable para caminar y conocer y este cerro es súper tranquilo. Sigue siendo un barrio con gente que vive aquí, más estos negocios que están surgiendo, pero nosotros también vivimos aquí, entonces también somos vecinos y no sé si es porque vivo aquí, pero me siento muy bien, es un lugar muy agradable. El hecho de que lleguen turistas le da una cierta vida, pero no es tanto como para que los arriendos estén subiendo y la gente se esté yendo de sus casas”.

Conversando con Neruda, abrazando a Gabriela Mistral

“Esta es una vena abierta” dice sobre el Cerro Bellavista Fernando Ramírez, el dueño y responsable del Museo Organológico, una de los mejores secretos de este cerro (Ferrari 646).

Desde hace diez años, Fernando se encarga de recopilar, ordenar y exhibir a la comunidad una sorprendente muestra de instrumentos musicales de todas partes del mundo. La gracia es que todos los instrumentos de la muestra, han llegado por una u otra vía a Valparaíso, donde Fernando los ha ido juntando. Fernando es un anfitrión cordial y comparte sus conocimientos con generosidad. “Este conglomerado es lineal” dice para referirse al Cerro Bellavista, “La gente se baja arriba, recorre la casa de Neruda, luego llega a esta gran plaza con poetas en actitud de acoger. Uno se puede abrazar con Huidobro, sentarse al lado de la Mistral o estar en actitud de conversación con Pablo Neruda”, dice refiriéndose a la Plaza de los Poetas o Plaza Mena, donde hay esculturas de tamaño real de los mencionados vates. “Luego empiezas a bajar y se empieza a entender esta forma de habitar que es completamente distinta, porque aquí hay tomas, que en otros lados se regularizaron, pero acá no. El Cerro Bellavista es una gran toma, es la versión moderna del cité. También tiene claro que el cerro tiene un encanto especial: “Aquí la gente viene cuando está buscando otras cosas”.

A diferencia de Fernando, Mariely López es nacida y criada en Valparaíso, pero llegó hace poco al cerro. Junto a otras 17 personas forma parte de una cooperativa que compró una casona derruida en Calle Pasteur donde hace siete años empezaron a construir el “Edificio a Cielo Abierto” que se terminó de construir el año pasado y está operativo desde diciembre.

Su apreciación del cerro está ligada a su emprendimiento: “Aquí vienen bastantes turistas. Tenemos una vista muy linda y una terraza con una maravillosa vista en 360 grados que es un privilegio incluso en este cerro que en general tiene una vista preciosa”.

Su compromiso con el Cerro Bellavista va mucho más allá del hecho de que el hotel esté emplazado en este sector. También comprendieron la importancia de los vecinos: “Hemos tratado de contratar principalmente a gente que viva en este sector. A veces nos ha resultado, otras veces no”. Y es que desde un inicio se dio cuenta de la fuerza que tiene la comunidad.

El “Museo a cielo abierto” (Epicuro 308), es otro de los atractivos del Cerro Bellavista. Son 20 murales de destacados artistas chilenos y extranjeros entre los que se cuentan José Balmes, Gracia Barros, Mario Carreño, Roberto Matta, Nemesio Antúnez y Mario Toral, entre otros. Son obras que están dispuestas en distintas zonas del Cerro Bellavista y que se pueden ir recorriendo a medida que se pasea por sus escaleras y pasajes.

Cerro Bellavista – Felix Barroeta / VLPO

Estos, además de los otros murales mencionados por Ruth Aguirre y los faroles adornados con mosaicos, hacen también de este cerro un reducto de y para el arte, donde los visitantes pueden disfrutar no solo de la vista hacia la bahía, también de las bellas postales urbanas que se encuentran en sus calles.

No cabe duda que el Cerro Bellavista vive un gran momento, pero que sin duda será mucho mejor cuando se terminen los trabajos de dos importantes obras en el sector: El ascensor Espíritu Santo y el Teatro Mauri, ambos en proceso de restauración. Dos obras que ayudarán a consolidar el crecimiento orgánico que ha tenido este cerro, con una mirada al futuro, pero sin perder de vista el pasado y la comunidad que le ha dado vida.